Por: Redacción Polo Noticias

BARAHONA, RD.– La tarde de este sábado, el director ejecutivo del Servicio Nacional de Salud (SNS), Julio César Landrón, recorrió los pasillos del Hospital Regional Docente Universitario Jaime Mota. A primera vista, la imagen de un funcionario de alto nivel supervisando el principal centro de salud del Suroeste podría interpretarse como una señal de interés. Sin embargo, para las familias de Barahona, Pedernales, Bahoruco e Independencia, surge una pregunta que pesa más que cualquier protocolo: ¿Se resuelve una crisis estructural con una simple caminata de inspección?

El Jaime Mota no es solo un edificio; es el último refugio sanitario para miles de dominicanos que no tienen el privilegio de pagar clínicas privadas, donde la salud se transacciona como mercancía. Hoy, ese refugio está bajo fuego, y no solo por el reciente y alarmante incendio en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) el pasado 1 de marzo, sino por un incendio silencioso que consume su operatividad desde hace años.

Promesas en el cableado y realidad en la oscuridad

Resulta incomprensible que, existiendo una licitación registrada por unos 65 millones de pesos para la sustitución total del cableado eléctrico —gestionada desde hace más de un año por la pasada administración de la doctora María Elena Batista—, el proceso siga durmiendo el sueño de los justos en los escritorios del SNS.

Mientras el actual director del SNS, nuestro compueblano Mario Lama, ha estado al frente, las fallas eléctricas han pasado de ser "reportes" a convertirse en riesgos mortales. ¿Cómo se explica que el dinero esté asignado en el papel pero la solución no llegue a las paredes del hospital? Esta negligencia administrativa es el núcleo de una crisis que no aguanta más diagnósticos, sino intervenciones quirúrgicas a nivel gerencial.

Más allá de los voltios: Una crisis de dignidad

El deterioro no se detiene en los enchufes. La falta de insumos básicos, la escasez de medicamentos y el desgaste de los equipos hospitalarios configuran un escenario donde la calidad y la dignidad son palabras de lujo. Periodistas como Viamny Mercedes Ferreras han alzado la voz de alerta, describiendo un estado crítico que la región Suroeste ya no puede ocultar bajo la alfombra de la burocracia.

La actual directora médica, Graciela Lafontaine, se encuentra al frente de un barco que hace aguas por todos lados. Pero seamos claros: la solución no depende únicamente de la gestión local. La crisis del Jaime Mota es un problema de salud pública regional que requiere voluntad política real desde el Palacio Nacional y la sede central del SNS.

Conclusión: Menos fotos, más soluciones

Una visita de inspección es un gesto simbólico, pero los gestos no curan enfermedades ni reparan transformadores eléctricos. El Suroeste no necesita funcionarios que vengan a ver lo que ya todos sabemos; necesita inversión ejecutada, transparencia en las licitaciones y un compromiso sagrado con la vida de los ciudadanos.

Si la salud pública del Sur sigue en cuidados intensivos, lo que está en juego no es solo una estructura de concreto, es el derecho fundamental de nuestra gente a sobrevivir. Es hora de que el SNS pase de la inspección a la acción.


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