Los hospitales dominicanos,  entre ellos  el pediátrico Dr. Hugo de Mendoza,  juegan  al cansancio de la población. Colocan citas a seis meses de espera.

El abuso obliga al padre impaciente a huir hacia las costosas clínicas.  Además de que hacen uso de prácticas anacrónicas que no fomentan la integración  familiar.

Si ambos padres acompañan al bebé, no pueden entrar los dos. Solo uno, el otro debe esperar fuera del hospital. A cualquiera le sube la bilirrubina cuando analiza que este mal servicio se cubre con nuestros impuestos. 

 

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