Descuido Cultural en Barahona: Un Lamento por la Juventud y las Bibliotecas
POR: ALEJANDRO SANTANA
Periodismo de Opinión
https://wp.me/pbcL6T-anh BARAHONA, RD – Es un sentimiento de profunda tristeza, casi de dolor, el que me invade al ver el estado de nuestra cultura y nuestra juventud. En Barahona, una imagen desoladora revela una realidad que muchos se niegan a ver: libros, que deberían ser faros de conocimiento, yacen tirados en el suelo, expuestos a la humedad y el deterioro. La excusa de que están “guardados” se desvanece ante la cruda evidencia fotográfica. Esta escena no solo muestra la indiferencia hacia el saber, sino que también simboliza una alarmante involución de nuestra sociedad.
Hemos retrocedido. Hoy, el camino que alguna vez transitamos, lleno de estudios y debates enriquecedores sobre historia, geografía y otras ciencias, ha sido abandonado. Las bibliotecas, que antes eran centros vibrantes de conocimiento, parecen haber perdido su importancia a los ojos de quienes nos gobiernan. Es un duro contraste ver cómo la juventud, que podría ser la esperanza de nuestro futuro, se arrastra en puntos de drogas o deambula sin rumbo por las calles, en lugar de llenarse de saberes en un ambiente culturalmente enriquecedor.
Es lamentable ver cómo las prioridades han cambiado. Antes, un libro bajo el brazo era un símbolo de aspiración. Hoy, la conversación ha sido reemplazada por la búsqueda de “25 centavos para el perico” que se vende impunemente en nuestros barrios, con un aparente “desconocimiento” de las autoridades. Se ha perdido la magia de las reuniones en bibliotecas o clubes culturales, donde se discutía desde el descubrimiento de América hasta los avances científicos más recientes. Ahora, las conversaciones giran en torno a la próxima dosis.
La calle se ha convertido en un reflejo de nuestra apatía. Ya no es raro ver a jóvenes deambular sin propósito, inmersos en un mundo de sustancias que matan sus esperanzas. Antes, una persona enajenada recibía ayuda de las autoridades; hoy, la indiferencia es la norma. Parece que quienes nos gobiernan están más preocupados por acumular riquezas para su propio beneficio que por asegurar un futuro digno para los ciudadanos.
Si queremos avanzar, debemos volver a los fundamentos. Es imperativo rescatar nuestras tradiciones nobles, garantizar que los niños asistan a la escuela y, sobre todo, reactivar las bibliotecas barriales. Necesitamos espacios con libros y acceso a internet, dirigidos por personal calificado que pueda guiar a las nuevas generaciones en su aprendizaje. Es tiempo de recordar esos años felices, cuando los juegos y la música de la patria llenaban los parques. Hemos perdido lo más noble de nuestra esencia, y aquellos que dicen gobernarnos, en realidad, nos desgobiernan.