La violencia que ignoramos: conflictos entre conocidos y fallas de prevención
Sábado, 31 de enero de 2026 |
POR STILL PEREZ
Lo he señalado antes y los datos lo confirman con una frialdad que espanta: la violencia que más vidas nos está arrebatando en la República Dominicana no es la que ocurre en ocasión de un robo o un asalto fortuito, sino aquella que se cocina en el seno de la confianza. Es la violencia que estalla entre personas que se conocen: familiares, parejas, vecinos o allegados.
El reciente y trágico suceso en San Francisco de Macorís, donde una mujer perdió la vida a manos de su propia hermana, es un recordatorio desgarrador de esta realidad. No hubo un móvil económico, hubo una ruptura del tejido afectivo que ninguna patrulla policial habría podido evitar en el último segundo.
A este cuadro se suma lo ocurrido en Barahona, donde una persona hirió a varias otras en un centro de diversión. El detonante, más allá del arma, fue un contexto de tensión social exacerbado por una jornada de apagones que mantuvo a la provincia bajo un calor y una desesperación asfixiantes. No fue un atraco; fue un conflicto en un espacio de convivencia, detonado por la falta de servicios básicos y la nula gestión emocional.
El diagnóstico equivocado
Estos hechos no son “casos aislados” ni surgen por generación espontánea. Son la explosión de conflictos acumulados, emociones desbordadas y, sobre todo, de fallas estructurales de prevención.
Insistir en que la solución es llenar las calles de más uniformados y recurrir únicamente al uso de la fuerza es persistir en un error de lectura. La policía, por más eficiente que sea, suele llegar cuando ya el cuerpo está en el pavimento o la herida está abierta.
“Seguir actuando desde la improvisación, el miedo y la reacción tardía no es una política de seguridad: es una renuncia a prevenir muertes que eran evitables.”
Hacia una seguridad humana y técnica
La intervención del Estado debe girar hacia un enfoque de criminología aplicada. Necesitamos menos reacción y más trabajo de campo. La seguridad ciudadana del siglo XXI requiere:
-
Atención temprana: Identificar focos de conflicto en barrios y comunidades antes de que escalen.
-
Equipos multidisciplinarios: La integración real de criminólogos, sociólogos, psicólogos, orientadores y psiquiatras en las políticas públicas.
-
Gestión del entorno: Entender que la falta de energía eléctrica o de agua no solo es un problema de servicios, sino un disparador de violencia social que debe ser gestionado.
-
Policía Preventiva Real: Un cuerpo capaz de mediar en conflictos comunitarios antes de que se conviertan en tragedias sangrientas.
La seguridad no se mide solo por cuántos delincuentes están tras las rejas, sino por cuántas vidas logramos salvar mediante la prevención del conflicto cotidiano. Mientras sigamos ignorando la violencia de proximidad, seguiremos llorando muertes que, con inteligencia y voluntad, pudieron evitarse.