Por: Wellington Pérez / Polo Noticias
BARAHONA, RD. – Lo que para muchos en el Sur profundo era “una piedra azul más”, hoy se ha convertido en el verdadero “oro celeste” de la región. El Larimar, esa joya endémica que solo se produce en las entrañas de la Sierra de Bahoruco, está viviendo su mejor momento económico tras consolidarse como la primera Denominación de Origen de la República Dominicana con proyección y reconocimiento internacional.
Durante un reciente seminario subregional sobre indicaciones geográficas, las autoridades del sector minero cacarearon con orgullo el éxito de este proyecto. Y no es para menos: el Larimar pasó de ser una materia prima menospreciada a nivel local y propensa al contrabando, a convertirse en un motor financiero que está dejando los chelitos directamente en los bolsillos de quienes la sudan: los mineros y artesanos de las comunidades de Los Checheses y La Filipina.
Un blindaje legal contra los “vivos” y las imitaciones
Durante años, cualquiera aparecía con una piedra azulada de dudosa procedencia y la vendía como Larimar. Eso se acabó. Con el respaldo de la Oficina Nacional de la Propiedad Industrial (ONAPI) y el Ministerio de Energía y Minas, solo las piezas extraídas en las zonas certificadas de Barahona pueden llevar con orgullo el nombre de “Larimar Barahona”.
Este blindaje legal funciona bajo la misma lógica estricta que protege al famoso Ámbar de Chiapas en México o a la Piedra Cruz de Laraquete en Chile. Para que una pieza reciba el sello auténtico, debe cumplir con un riguroso pliego de condiciones técnicas y mineralógicas (específicamente ser un hidroxi-silicato de sodio-calcio) que certifica que no es un “gato por liebre”.
Más cuartos para la comunidad
Golye Latoufe, directora de Promoción Minera del Viceministerio de Minas, habló sin rodeos ante delegados de toda Centroamérica. Explicó que este reconocimiento no se quedó en un simple papel bonito o en discursos de saco y corbata; la realidad es que el comprador internacional está dispuesto a pagar mucho más cuando se le garantiza el origen real de la prenda.
“El valor agregado se está quedando en la comunidad. Desde el minero que se faja a bajar a la mina, hasta el artesano que la pule y la convierte en una obra de arte, toda la cadena está viendo los frutos”, destacó la funcionaria.
Una marca país que viaja en el cuello del mundo
El Larimar ya no es solo un asunto de minería; es una embajadora de la dominicanidad. Cada anillo, pulsera o collar que sale de Barahona viaja por el mundo como una postal viviente que relata historias de nuestras montañas, nuestras playas y el esfuerzo de la gente del Sur.
Con reglas claras, fiscalización y el sello de Denominación de Origen, la industria artesanal de la provincia no solo asegura su autenticidad, sino que abre las puertas a un futuro con más empleos, mayor entrada de divisas y un desarrollo sostenible para una región que por décadas reclamó atención. ¡El Larimar es nuestro, y ahora vale lo que pesa!
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