
Los fármacos adelgazantes basados en semaglutida, el principio activo que imita a la hormona intestinal GLP-1, pueden mejorar en hasta un 20 % la recuperación neurológica de pacientes con ictus isquémico grave si se administran junto a una trombectomía —el procedimiento para extraer coágulos cerebrales—, según la Universidad China de Hong Kong.
El hallazgo resulta especialmente relevante para quienes no llegan a tiempo para recibir la trombolisis intravenosa, el tratamiento prioritario que solo puede aplicarse en las primeras cuatro horas y media tras el episodio. Para ese grupo, la ventana terapéutica se cierra sin alternativas eficaces, un vacío que este fármaco podría cubrir.
Entre 2023 y 2024, el equipo reclutó a 140 pacientes con obstrucción de grandes vasos cerebrales en el Hospital Príncipe de Gales y en un centro especializado en Linyi, en la provincia oriental china de Shandong.
De forma aleatoria, unos recibieron semaglutida —una inyección antes de la trombectomía y otra a los siete días— junto al tratamiento convencional, y otros, solo el protocolo estándar.
Los datos revelaron que el 64.7 % de los pacientes tratados con el fármaco que no habían podido acceder a la trombolisis lograron una recuperación neurológica favorable a los 90 días, frente al 44.1 % de quienes únicamente se sometieron a la extracción del coágulo.
Resultados y perspectivas del estudio en China
En el conjunto de ambos grupos, cerca del 55 % alcanzó una buena recuperación funcional.
- El doctor Owen Ko Ho, director del Instituto de Neurociencias Gerald Choa de la CUHK, señaló que el equipo lleva casi una década investigando esta vía metabólica.
“GLP-1 es una vía ‘superestrella’ en los campos biológico, médico y farmacéutico, principalmente por su éxito en el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad“, afirmó, subrayando que la investigación partió de la hipótesis de que el compuesto podría también combatir procesos asociados al envejecimiento celular.
El doctor Bonaventure Ip Yiu-ming, profesor asistente de la misma facultad, calificó el ensayo de “primer paso” en el camino hacia la aplicación clínica, y precisó que la fase tres exigirá un estudio multicéntrico de escala nacional o internacional que podría prolongarse varios años.
El efecto adverso más frecuente fue el malestar gastrointestinal, registrado en entre el 8 y el 10 % de los participantes y resuelto en una semana.
Los ictus isquémicos, provocados por la obstrucción del riego sanguíneo en el cerebro, constituyen cerca del 80 % de todos los episodios a nivel mundial y figuran entre las principales causas de muerte y discapacidad permanente.
Por su parte, China continental concentra la mayor incidencia global, con 21 millones de personas que arrastran secuelas, y se registran cuatro millones de nuevos casos al año.
